Hay calles hechas para el silencio, así como hay calles hechas para la vida, para el trasiego, para un caminar de peregrino al encuentro con la fe. Pero la calle Predicadores ya no se recorre para encontrarse con los prelados que han de traer la promesa de vida eterna a los zaragozanos.

La calle Predicadores ha sido testigo de los 2.000 últimos años de la historia de la ciudad. A nadie sorprende entonces que encierre infinidad de historias y secretos.

Las edificaciones no tienen más de tres o cuatro alturas, las suficientes para resguardar de la luz del sol a casi cualquier hora del día. Distinguen por sus altos puntales y los balcones que sobresalen sobre la acera. Por lo general, carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona. A ratos, algún pequeño árbol acompaña nuestro trayecto.

Los balcones se asoman a la calle, como queriendo ser parte de todo cuanto ocurre y, dividiéndolos, están los guardavecinos, esas rejas con los más caprichosos diseños que tipifican los barrios y marcan los pequeños límites perimetrales entre viviendas contiguas. El ir y venir de la gente y los autos, forma parte del entorno visual y acústico.

Es uno de esos sitios donde parece que el tiempo se haya detenido años atrás, cuando todo era más sencillo y la gente no tenía tanta prisa.

casa tradicional siglo XVIII calle predicadores zaragoza

Esquina de las calles Predicadores y Aguadores

Predicadores destaca por su antigüedad, por su contenido histórico, y por ser uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de Zaragoza, donde el Barroco confluye en armonía y complementariedad con el Modernismo y el Art Deco. Es una joya histórica por el conjunto de edificaciones que la conforman.

A veces uno no se dirige precisamente a la calle Predicadores, a veces uno va para otro lado, a otra plaza, a otra gestión, a veces por ahí se hace más lejos pero igual uno toma la calle Predicadores, como si fuera un recorrido obligatorio o una suerte de apremio por llenarse de la vida que recorre esa calle de un extremo a otro.

Suntuosos palacios del siglo XVI como el Antiguo Palacio de los Duques de Villahermosa (en la actualidad el Colegio Público Santo Domingo). Combinación de elegantes edificios del XIX y el XX que hacen alarde de códigos formales de cada época.

Colegio Público Santo Domingo (Antiguo Palacio de los Duques de Villahermosa)

Colegio Público Santo Domingo (Antiguo Palacio de los Duques de Villahermosa)

Podrás escoger lo mismo un restaurante tradicional como La Matilde, que uno vegano, La Piparra.

En el número 70 se encuentra La Bóveda, uno de los mejores y más populares centros nocturnos con música en vivo de toda Zaragoza. Todos los grupos importantes de la ciudad han actuado ante la entregada audiencia de La Bóveda, compuesta por una mezcla de locales y turistas.

La Boveda conciertos en Zaragoza

Concierto en la Bóveda

Si seguimos caminando encontraremos a nuestro paso la Casa de Amparo, un majestuoso edificio construido por Ricardo Magdalena en el solar de un antiguo convento del siglo XIV, el de los Dominicos de la Orden de Predicadores, destruido durante los Sitios de Zaragoza y del que quedaban aún parte de sus instalaciones, como el refectorio y el dormitorio.

La Casa de Amparo es obra de Ricardo Magdalena

La Casa de Amparo

Son varios los espacios que hallarás durante el andar. Entre tanta admiración conserva en la Plaza de Santo Domingo un pequeño tiempo para conocer el Teatro del Mercado y el Centro Luis Buñuel.

La apertura de nuevos negocios (restaurantes, tiendas de arte,  pequeños estudios de artistas, cuidadas terrazas) ha aportado a la zona un toque cool que antes no existía.

Pasear por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. Predicadores es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos.

La calle Predicadores con el Pilar al fondo

La Calle Predicadores con el Pilar al fondo