Hay calles hechas para el silencio, así como hay calles hechas para la vida, para el trasiego, para un caminar de peregrino al encuentro con la fe. Pero la calle Predicadores ya no se recorre para encontrarse con los prelados que han de traer la promesa de vida eterna a los zaragozanos.

En poco más de un kilómetro de extensión, es uno de los trazados más regulares de la ciudad antigua. Su recorrido, de este a oeste, va desde la Mercado Central  hasta la plaza Santo Domingo, en un viaje paralelo a al río Ebro.

La calle más ancha y señorial del barrio de San Pablo, conocido popularmente como el barrio del Gancho, es una arteria principal que une dos de los puntos turísticos de interés más importantes de Zaragoza: la Aljafería con la Plaza del Pilar.

Debe su nombre al antiguo convento de Convento de Predicadores, fundado en 1250 por Jaime I.

Su posición junto a la Puerta de Sancho hizo que pasara a formar parte del perímetro defensivo de Zaragoza durante los asedios franceses de 1808-1809. Fue por ello lugar de combates, siendo seriamente dañado. Aunque fue reconstruido en 1814, la desamortización española de 1835 supuso el fin de su uso religioso y su nacionalización.​

Al igual que muchas otras calles de la ciudad, a través de los años esta recibió diversos apelativos, al vaivén de los gobernantes, la imaginación y la voluntad populares o las circunstancias. Por ejemplo, entre 1868 y 1936 la llamaron calle de la Democracia.

Las edificaciones de Predicadores no tienen más de tres o cuatro alturas, las suficientes para resguardar de la luz del sol a casi cualquier hora del día. Distinguen por sus altos puntales y los balcones que sobresalen sobre la acera. Por lo general, carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona. A ratos, algún pequeño árbol acompaña nuestro trayecto.

Los balcones se asoman a la calle, como queriendo ser parte de todo cuanto ocurre y, dividiéndolos, están los guardavecinos, esas rejas con los más caprichosos diseños que tipifican los barrios y marcan los pequeños límites perimetrales entre viviendas contiguas. El ir y venir de la gente y los autos, forma parte del entorno visual y acústico.

Testigo de infinidad de acontecimientos, rica en secretos y anécdotas, Predicadores ha latido al ritmo del corazón de los zaragozanos a través de los siglos.

Es uno de esos sitios donde parece que el tiempo se haya detenido años atrás, cuando todo era más sencillo y la gente no tenía tanta prisa.

casa tradicional siglo XVIII calle predicadores zaragoza

Esquina de las calles Predicadores y Aguadores

Predicadores destaca por su antigüedad, por su contenido histórico, y por ser uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de Zaragoza, donde el Barroco confluye en armonía y complementariedad con el Modernismo y el Art Déco. Es una joya histórica por el conjunto de edificaciones que la conforman.

En el recorrido, hay historia por todas partes. Justo en su nacimiento, casi en el encuentro con la pequeña calle Abén Aire, podemos disfrutar varios palacios. Uno de ellos, el de los Duques de Villahermosa, en la actualidad el Colegio Público Santo Domingo.

Colegio Público Santo Domingo (Antiguo Palacio de los Duques de Villahermosa)

Colegio Público Santo Domingo (Antiguo Palacio de los Duques de Villahermosa)

En el número 7 encontramos La Matilde, un restaurante que abrió las puertas en 1963 apostando por una cocina aragonesa de autor elaborada con productos de temporada, próximos y de calidad. El restaurante ofrece una cocina imaginativa que toma los productos de Aragón como referencia para sus interpretaciones. Entre estos productos destacan los buñuelos de bacalao con crema de cebolla dulce de Fuentes de Ebro, el carpaccio de pulpo y guacamole con tomate en infusión y aceite de perejil o el ternasco a baja temperatura con anacardos y alcachofas.

Restaurante La Matilde

Restaurante La Matilde

En el Almacén de Patatas y Legumbres Díez (Predicadores 15) no tienen ninguna duda que el granel vuelve a “estar de moda”. Ya sea por motivo de salud o ahorro –la crisis ha hecho volver a los platos de cuchara con fuerza–, este emporio fundado en 1945 está lleno hasta los topes. Su fuerte son las legumbres secas y harinas, pero tienen cientos de referencias que engloban miel, chucherías y especias. Podréis escoger entre la veintena de judías y la gran variedad de lentejas.

Almacén de Patatas y Legumbres Díez

Escaparate del Almacén de Patatas y Legumbres Díez

En 2011 la artista Carla Nicolás fundó El Calotipo (Predicadores 17), un estudio de diseño y estampación artesanal. En este taller produce para particulares y empresas por encargo, al mismo tiempo que continúa desarrollando su carrera artística en torno a la gráfica.

Taller Experimental de Gráfica El Calotipo

Taller de diseño y estampación artesanal El Calotipo

Un poco más adelante, aparece el restaurante vegano La Piparra (Predicadores 39). Este establecimiento es un ejemplo de que la comida sin productos animales no sólo existe como respuesta ante los dilemas ambientales o éticos que enfrenta la industria alimenticia en nuestros días, sino que puede convertirse en una propuesta culinaria interesante.

la piparra tapa o pincho vegano

Tapa en el restaurante vegano La Piparra

El Albergue (Predicadores 70) no solo ofrece alojamiento a los visitantes que llegan a la capital aragonesa, sino que articula una programación cultural en la que tiene cabida el jazz, la música clásica o la poesía, entre otras actividades relacionadas con el ocio y la cultura que a lo largo de la última década viene programando en su espacio La Bóveda del Albergue.

Abrió sus puertas el 14 de junio de 2008, el mismo día que la Expo de Zaragoza, y desde entonces no ha cerrado ningún día. En 2008 José Juste compró un antiguo edificio erigido en el siglo XVII y lo rehabilitó por completo.

El inmueble se levantó sobre una gran bodega de mediados del XV, en el mismo lugar en que tuvo su casa Pedro de Arbués, primer inquisidor de Aragón.

La Boveda conciertos en Zaragoza

Concierto en la Bóveda

Restaurantes, hostales, parques, galerías de arte, proyectos culturales, tiendas, bancos, farmacias, se suceden a partir de allí y forman parte de la vida habitual de la calle.

Instalaciones recientemente restauradas y modernas se dan la mano con el pasado.

Si seguimos caminando encontraremos la Casa de Amparo (Predicadores 96), un majestuoso edificio construido por Ricardo Magdalena en el solar de un antiguo convento del siglo XIV, el de los Dominicos de la Orden de Predicadores, destruido durante los Sitios de Zaragoza y del que quedaban aún parte de sus instalaciones, como el refectorio y el dormitorio.

La Casa de Amparo es obra de Ricardo Magdalena

La Casa de Amparo

Durante todo el trayecto parece que nos transportamos por varios siglos hacia el pasado, sin embargo, es en la Plaza Santo Domingo donde la idea casi se convierte en certeza.

Otro de los atractivos de la zona es la Plaza Santo Domingo, con áreas para juegos infantiles, espectáculos culturales y excelente para descansar.

El área está adornada por la Fuente de las Musas, colocada en 1987 para evocar a las deidades de las artes escénicas: Talía, diosa de la comedia; Melpómene, diosa de la tragedia; Tersicore, diosa de la danza y la música y Polimnia, diosa de la poesía lírica.

A un lado de la plaza se encuentra el Centro Luis Buñuel, en el mismo solar que ocupó durante siglos un convento de frailes dominicos. El convento fue fundado por Jaime I en el siglo XIV y en su construcción trabajaron maestros de obra conocidos por su labor en La Aljafería.

Centro Luis Buñuel

Centro Luis Buñuel

Dicho convento fue destruido durante Los Sitios y de él sólo queda el antiguo refectorio, propiedad del Ayuntamiento, y que en la actualidad alberga el Centro de Documentación del Agua y el Medio Ambiente.

Centro de Documentación del Agua y del Medio Ambiente

Interior del Centro de Documentación del Agua y del Medio Ambiente

A pocos pasos, al otro lado de la plaza, se encuentra el Teatro del Mercado, un centro cultural que antiguamente estaba dedicado a la venta mayorista de pescado.

Vista del Teatro del Mercado desde la Palza Santo Domingo

Vista del Teatro del Mercado desde la Plaza Santo Domingo

Eso (y muchísimo más) es la Calle Predicadores: un lugar donde es fácil perderse y sentirte dentro de una aventura, una locura y un remanso de paz, todo depende de donde estés y del momento del día.

Predicadores también es un buen lugar para ver la cara B de Zaragoza, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es la capital maña, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.