He aquí uno de los mejores espacios de la ciudad para darse un respiro: el Jardín Botánico.

En el Jardín Botánico viven algunos de los ejemplares arbóreos más exóticos y antiguos de Zaragoza, algunos de ellos directamente traídos del nuevo mundo y de rincones perdidos del Pacífico. Toda una clase de historia natural.

Es un sitio ideal para desconectar mientras das un paseo admirando la belleza de la flora que habita en su interior.

Un Ailanto o árbol del cielo en el Jardín Botánico.

Un Ailanto o árbol del cielo en el Jardín Botánico. Esta especie se introdujo desde China a mediados del siglo XVIII

El Botánico merece un recorrido sosegado para disfrutar de cada una de las especies vegetales que muestra y del entorno.

Sus bancos antiguos decorados con cerámica que aún conservan la publicidad original, el pequeño estanque con patos y cisnes, la clepsidra (reloj de agua), las caminatas entre rosales y el aroma que nos recibe nada más poner un pie, lo convierten en el oasis natural perfecto en medio de la ciudad.

pato en el jardin botanico del parque grande de zaragoza

A la entrada del Jardín Botánico se erige un monolito en honor al prestigioso diseñador de parques y paisajista sevillano Javier Winthuysen, quien en una conferencia que se celebró en el Casino Mercantil el 23 de diciembre de 1924 propuso la creación y el diseño del actual Parque Grande.

Monolito de Javier Winthuyse en el Jardín Botánico de Zaragoza

Monolito en honor a Javier Winthuyse en el Jardín Botánico de Zaragoza

En la zona central se encuentra una pequeña Estación Fenológica, un lugar creado para que los científicos estudien cómo afectan los cambios de clima a las especies vivas.

Los documentos históricos confirman que en la Zaragoza musulmana ya existía un espacio botánico, pertenecía a los reyes de la taifa de Zaragoza y estaba situado muy cerca de la Aljafería.

El Jardín Botánico de Zaragoza fue fundado en 1796 por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, representantes de la Ilustración en Aragón.

El lugar elegido fue un terreno que ocupaba parte de la huerta del Convento de Santa Catalina y parte de la Huerta de Santa Engracia. Convenientemente cerrado y vallado, la entrada se encontraba en el número 30 de la Calle San Miguel.

Uno de sus principales impulsores fue Pedro Gregorio Echeandía y Jiménez, farmacéutico afincado en Zaragoza y socio de los Jardines Botánicos de Madrid y Montpellier. El emprendió las siembras y plantaciones oportunas para la formación del Jardín Botánico, con materiales vegetales tanto aragoneses como procedentes de Sevilla, Madrid, Barcelona, París, América y Oceanía.

El Jardín Botánico fue completamente arrasado durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809).

En 1849, se reconstruyó bajo la dirección del naturalista y médico Florencio Ballarín Causada.

En 1908, Basilio Paraíso, impulsor de la exposición Hispanofrancesa, decidió incorporar el Jardín Botánico a la muestra, derribándo parte de la tapia recayente a la Huerta de Santa Engracia y habilitando así un acceso directo.

En 1925, la Universidad de Zaragoza levantó el Colegio Mayor Pedro Cerbuna en el número 23 del Paseo Ruiseñores, muy cerca del Canal Imperial. Esta residencia de estudiantes contaba con amplias y modernas infraestructuras, campos de juego para esparcimiento de los residentes y una huerta que se destinó a la creación del Jardín Botánico.

En 1942 se aprobó el traslado del Colegio Mayor Cerbuna al Campus San Francisco. Hay datos que hacen pensar que este botánico sobrevivió hasta 1956.

El actual Jardín Botánico se inauguró el 17 de noviembre de 1972. Surgió a propuesta del ingeniero de montes Rafael Barnola y se construyó sobre el espacio que ocupaba un huerto municipal.

Dirección: A mitad del Paseo San Sebastián, en el Parque Grande José Antonio Labordeta