Hoy te proponemos un agradable paseo junto al agua por la margen izquierda del río Ebro.
La distancia de esta ruta es de 5,4 km, con una duración aproximada de 1 hora y 5 minutos. Es una ruta cómoda tanto para caminar como para correr y también apta para bicicletas.

El itinerario comienza en la avenida de la Expo, en las paradas que el Ci1 y el Ci2 tienen cerca del puente del Tercer Milenio.

Desde la parada dirigimos nuestros pasos hacia el puente; sin cruzarlo, tomamos una suave pendiente que surge a la izquierda y baja progresivamente hacia la orilla del río.

Allí enlazamos con el camino paralelo al río hacia el Pabellón Puente y recorremos el recinto Expo hasta la pasarela del Voluntariado.

Continuamos por el parque lineal del Muro del Actur, obra de contención del río y paseo habitual de los zaragozanos.

Tras pasar el puente de la Almozara, el recorrido sigue en contacto con el río y la historia de la ciudad.

Superamos el puente de Santiago y atravesamos la arboleda de Macanaz. El camino adoquinado sigue paralelo al Ebro hasta el puente de Piedra.

Continuamos dejando atrás el molino de San Lázaro y el mirador del puente de Tablas.

Pasamos el puente de Hierro y avanzamos hasta el azud, donde cruzaremos a la otra orilla para finalizar en el paseo Echegaray y Caballero.

Entre los puntos de interés de la ruta se encuentra el Muro del Actur, construido durante la urbanización de la margen izquierda del río Ebro para reducir el impacto de posibles crecidas y que hoy se ha convertido en un paseo habitual para los zaragozanos.

Cerca de él se extiende la arboleda de Macanaz, una de las zonas de recreo más destacadas de la ciudad y un lugar histórico donde se celebraba la tradicional Cincomarzada; originalmente, se accedía a este soto mediante una pasarela sobre el Ebro que estuvo en funcionamiento hasta 1965.

Más adelante, el recorrido nos conduce al puente de Piedra, una joya de la arquitectura gótica construida en el siglo XV, aunque se cree que en la época romana ya existía un puente en este mismo lugar, que servía como prolongación del cardo máximo de la Zaragoza antigua.


