Charles Clifford fue un fotógrafo galés que desarrolló su carrera profesional en España. Clifford fue uno de los pioneros de la fotografía española y junto con Jean Laurent uno de los más destacados fotógrafos extranjeros del siglo XIX.

A pesar de haberse publicado varias biografías sobre Clifford y de haber varios archivos con su obra en Reino Unido, otros países europeos y en Norteamérica, no hay apenas información sobre él anterior a su llegada y estancia en España.

Los únicos datos fiables que conocemos es que nació en Gales en 1819 (aunque él siempre se refería a sí mismo como “inglés”) y que falleció en 1863 (está enterrado en el cementerio británico de Madrid). Clifford se estableció con un estudio de retratos fotográficos hechos por el “método inglés” en el número 4 la madrileña calle de Alcalá en 1850.

Antonio Flores, conocido escritor costumbrista de la época, dedicó un capítulo de su libro “La Sociedad de 1850” a los estudios fotográficos madrileños (como el que regentaba Clifford), por los que desfilaban todos los representantes de la sociedad isabelina: “Desde las primeras horas del día está llena de gente la casa del fotógrafo, porque como desgraciadamente saben todos no han de vivir tantos años como Matusalem, no quieren morirse sin dejar a la posteridad su retrato”.

En el transcurso de sus 13 años de residencia de Clifford en España, el país se desarrolla, se transforma, se moderniza y se industrializa.

Construcción del Puente de los Franceses en Madrid (1859)

Construcción del Puente de los Franceses en Madrid, 1859. Charles Clifford

Gracias al ímpetu comercial y los continuos avances en la técnica fotográfica, la obra de Clifford evoluciona a la par de esta modernización, desde los primeros retratos de estudio, que dan paso a las vistas de algunos monumentos de, para, después, ser testigo de las grandes obras civiles y reformas que tuvieron lugar en España en la década de los 50 del siglo XIX.

En 1853 Clifford acompañó a la escuela de Arquitectos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en su expedición artística a Salamanca y Ávila con el fin de proporcionarles a los arquitectos un documento gráfico de los monumentos de ambas ciudades.

El objetivo de dicha expedición fue la catalogación de los monumentos históricos y artísticos de estas ciudades, para su posterior restauración y conservación.

El viaje a Salamanca y Ávila dejó huella en Clifford, que fue testigo directo del deterioro de los monumentos históricos y los estragos de la desamortización. La expedición tuvo también su eco en la prensa local, donde se pudo leer lo siguiente: “Ni las súplicas del Sr. Clifford, ni los ruegos de otras personas, han podido impedir hace 20 días la destrucción de varios portales exquisitos de mármol y otros monumentos que habían resistido cuatro siglos, vendiéndose, con otros fragmentos hermosísimos para piedra de empedrar caminos…”.

Fotografía de la Catedral Nueva de Salamanca. Los principales rasgos de la Catedral son las dos torres góticas que dominan el horizonte. Alrededor de la base de la Catedral hay edificios domésticos. Un pequeño grupo de personas están sentadas en un muro a la izquierda en primer plano.

Fotografía de la Catedral Nueva de Salamanca, 1853. Charles Clifford. Sobre esta fotografía Clifford escribió lo siguiente: “Los principales rasgos de la Catedral son las dos torres góticas que dominan el horizonte. Alrededor de la base de la Catedral hay edificios domésticos. Un pequeño grupo de personas están sentadas en un muro a la izquierda en primer plano”. (Foto: Royal Collection Trust)

Fruto de la expedición a Salamanca y Ávila, es el álbum “Photografias” que contiene 32 vistas de las dos ciudades. Este álbum, es el primer reportaje fotográfico monumental de Clifford. Este primer encargo es el anticipo de los siguientes que Clifford llevaría a coba en España, en la línea con su nuevo interés por las “bellezas de la naturaleza” y por “enriquecer” su cartera de viajes.

Después de la expedición a Salamanca, el fotógrafo realizó vistas exteriores de Madrid, Segovia, El Escorial, La Granja y Burgos.

A comienzos de ese mismo años Clifford expuso 12 vistas de España en la primera exposición de la Photograpic Society de Londres. Inaugurada con puntualidad inglesa a las 11 de la mañana del 4 de enero por la Reina Victoria y el Príncipe Alberto, reunió casi 1.000 obras de fotógrafos británicos y europeos.

El mismo día por la tarde, los miembros de la Photographic Society tuvieron la primera primera oportunidad de ver las obras. Su reacción queda reflejada en “las expresiones unánimes de sorpresa y placer ante la extrema belleza de las imágenes y el gran avance técnico que se percibía en comparación con un año antes”.

Había suficiente apetito entre el público británico para interesarse en las vistas de Clifford: la artesanía de la piedra en las iglesias de Salamanca, la majestuosa presencia del Acueducto de Segovia, las cascadas de las fuentes de la Granja, y Clifford atendió a aquel interés. Pero sus fotografías también son testigos de parte de un patrimonio en peligro de desaparecer, según el fotógrafo, por “falta de interés” de los políticos y la “triste apatía” de los habitantes.

Porta de los Gigantes, Zaragoza, 1860. Charles Clifford

Porta de los Gigantes, Zaragoza, 1860. Charles Clifford (Foto: The Metropolitan Museum of Art)

Al regresar de Londres, Clifford viajó, en la primavera de 1854, a Andalucía donde conoció al Duque de Montpensier, cuñado de Isabel II. Clifford realizó 13 fotografías: 8 de Granada, realizadas principalmente en la Alhambra (5 fotografías) y 5 de Sevilla.

En 1855, Clifford comenzó a fotografiar las obras de construcción del Canal de Isabel II a las afueras de Madrid, por encargo del ingeniero Lucio del Valle. Las imágenes del Canal, 42 en total, son valiosos documentos sociales de gran originalidad que muestran una perfección en cuanto a técnica y composición de las mismas nunca vista en la obra de Clifford.

La Sociedad Francesa de Fotografía de París le dedicó una gran exposición bajo el títuloVoyage en Espagne” en 1856. El 28 de junio de 1856 la prestigiosa revista La Lumière anunció la llegada a París de un fotógrafo inglés, Mr. Clifford, que habría realizado más de cuatrocientas fotografías que formaban una de las colecciones más extraordinarias y completas que se había visto en la fotografía hasta la fecha.

Las imágenes mostraban los monumentos históricos que, a pesar de estar en decadencia, y de numerosas guerras y revoluciones, habían conseguido mantener su esplendor original.

Fachada principal de la Iglesia de Santa Engracia

Fachada principal de la Iglesia de Santa Engracia, 1860. Charles Clifford  (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

A continuación, participó en la exposición de la Association pour l’encouragement et le dévelopement des arts industriels en Belgique, que se inauguró en 15 de agosto de 1856 en Bruselas, bajo el patronaje del Rey Leopoldo I.

El 13 de septiembre, La Lumière proporcionó una descripción de la exposición. Hacía referencia a los salones dedicados a la fotografía, que eran grandes y luminosos, con suficiente espacio para que el público pudiera circular, parar y contemplar cada obra expuesta con comodidad. Las obras se encontraban perpendiculares a las ventanas y la sala estaba precedida de un gran patio y jardines que hacía que la visita fuera una experiencia agradable. El museo donde tuvo lugar la exposición se encontraba en el mejor barrio de Bruselas, a poca distancia del Palacio Real.

A comienzos de 1858, Clifford expuso 46 vistas de España en la Architectural Photographic Association de Londres. Fue, con diferencia, la mayor representación fotográfica de España expuesta en Gran Bretaña hasta la fecha. Además de clifford, participaron fotógrafos de mucho prestigio: los ingleses Roger Fenton y Francis Bedford, los franceses Edouard Baldús y los hermanos Bisson, y los italianos hermanos Alinari. Los lugares representados eran, por orden de número de obras expuestas: Italia, Francica, Gran Bretaña, España, Constantinopla y, en menor medida, Malta, Suiza, Alemania y Bélgica.

El hecho de encontrarse Clifford entre un selecto grupo de prestigiosos fotógrafos, le situó de manera definitiva como fotógrafo de vistas españolas. La Reina Victoria y el Principe Albert, grandes patronos de la fotografía, visitaron la exposición y compraron algunas fotografías suyas.

Al volver a España, en la primavera de 1858, Clifford viajó a Toledo y Extremadura con el objetivo de fotografiar algunas de las propiedades del Duque de Frías y el monasterio de Yuste, que había sido comprado en 1857 por el Marqués de Mirabel con la intención de restaurarlo.

A finales de julio de 1858, Clifford viajó a Valladolid para realizar por encargo de la Sociedad de Crédito Mobiliario, responsable de financiar la construcción del ferrocarril y del nuevo puente del Príncipe Alfonso, dos álbumes idénticos de 10 fotografías cada uno. Estos álbumes fueron regalados a la Reina Isabel II con motivo de su visita a la ciudad para inaugurar el nuevo puente del Príncipe Alfonso, camino a Asturias y Galicia.

La Reina Isabel II de España, 1860. Charles Clifford

La Reina Isabel II de España, 1860. Charles Clifford

Las grandes obras civiles, los documentos fotográficos de las mismas y las campañas propagandísticas de la reina iban de la mano y Clifford no se quedó al margen. El objetivo de las fotografías del álbum de Valladolid no fue solo fotografiar la construcción del puente de ferrocarril, sino la visita real que a su vez tuvo por motivo la inauguración del puente. Por ese motivo hay una variedad temática en el álbum.

La ceremonia de colocación de la primera piedra comenzó a las 6 de la tarde bajo un sol abrasador y con la presencia de vecinos de Valladolid y los pueblos cercanos. Los reyes llegaron poco después de las 7 y fueron recibidos por los representantes de la Sociedad General de Crédito Mobiliario. Concluida la ceremonia de la colocación de la piedra clave en el puente, Cliffor fue llamado por la reina a quién presentó los negativos de las fotografías del álbum. Los reyes quedaron muy satisfechos de la exactitud y limpieza de las vistas. Este encuentro entre Clifford y la reina fue el primer contacto directo entre ambos.

Esta satisfacción manifestada por la obra de Clifford fue el comienzo de una relación entre el fotógrafo y la Casa Real Española.

En septiembre de 1859, Clifford y su esposa, Jane, disfrutaron de un muy merecido descanso en el Balneario de Panticosa, en los pirineos aragoneses. El balneario de Panticosa, después de varias reformas acometidas por la sociedad propietaria del mismo, formada por Don Nicolás Guallart en 1854, se encontraba en pleno auge y gozaba de muy buen reputación debido al lujo de sus instalaciones, las aguas (se encontraban en los pirineos más de 100 manantiales de toda especie) y su proximidad a Francia.

Escapada al Balneario de Panticosa en Aragon

El Balneario de Panticosa

En 1859, lo visitaron personas de 42 provincias de España y diversos puntos de Europa y América para curarse de afecciones de hígado, estómago y de herpes, principalmente. Consciente de la importancia del lugar, como “cuestión de humanidad y decoro nacional”, el gobierno gastó grandes sumas de dinero en ensanchar y mejorar el camino para que se pudieran llegar los carruajes hasta Biescas, a tres leguas de distancia.

La idea de ampliar y adecentar el balneario de Panticosa y sus accesos, con el fin de atraer a turistas de España y otras partes de Europa, encaja perfectamente con la política del gobierno liberal de Isabel II a finales de la década de 1850. Esta política de modernización de infraestructuras tenía el objetivo de colocar a España a la altura de otros países europeos, modernizando sus infraestructuras, carreteras y ferrocarriles, y generando empleo e inversiones extranjeras.

El lago del Balneario de Panticosa #panticosa

El lago del Balneario de Panticosa

Desafortunadamente no se conocen fotografías de Clifford del balneario, aunque recientemente se ha sugerido que, una vista, realizada en el mismo año de la ciudad francesa de Pau, cerca de la frontera donde se encuentra el balneario, pudiera atribuirse a Clifford.

La Revolución de 1854 marca un antes y un después en el régimen isabelino. La Unión Liberal de O’Donnell aportó un periodo de estabilidad a Espña y favoreció las inversiones extranjeras, sobre todo francesas, resultando en una extensión del ferrocarril. Asimismo, la guerra contra Marruecos estimuló una enorme cohesión y orgullo patrio.

Esta situación proporcionó la base para que, hacia finalesde la década, se llevaran a cabo unos viajes oficiales de Isabel II por diferentes provincias de España, siete viajes en total entre 1858 y 1865.

El objetivo de estos viajes fue reforzar la fidelidad entre el trono y la ciudadanía y propiciar un acercamiento entre la monarquía y el pueblo, por medio de unos mecanismos de relación, proximidad y creación de una imagen moderna y a la vez mantener la parariencia espectacular de una monarquía que ya no es absoluta y que, por este motivo, precisa de otras formas de comunicación con el país.

Torreón árabe, en el Coso, dedicado a SS.MM. por los agricultores y los industriales.

Torreón árabe, en el Coso, dedicado a SS.MM. por los agricultores y los industriales, 1860. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Aunque, como se ha señalado anteriormente, Clifford se unió al séquito real en Valladolid en 1858, no fue como fotógrafo oficial, sino como encargado de Crédito Mobiliario con el objetivo de entregar a la Reina un álbum conmemorativo de la inauguración del puente ferroviario Príncipe de Asturias de la ciudad.

La Reina mostró su satisfacción por el álbum y es de suponer que por este motivo se le encargó a Clifford realizar el reportaje fotográfico del siguiente viaje oficial que tuvo lugar en el otoño de 1860, en esta ocasión a Baleares, Cataluña y Aragón

Con ocasión del viaje, Clifford entró en contacto con el cronista oficial, el escritor Antonio Flores, “personaje atento a las tecnologías gráficas de su tiempo que conocía bien sus posibilidades“. El reportaje de Clifford engarza de manera formal con la crónica de Flores, que, a la vez, mostró su interés por la fotografía como recurso para conservar la memoria.

La crónica del viaje real de Flores, aunque literaria al modo del estilo del cronista, combina a la perfección lo tradicional y lo innovador, uno de los objetivos propagandísticos de los viajes reales de Isabel II.

El viaje real de 1860 comenzó el 9 de septiembre, cuatro días después de que: “la iracunda pantera africana, noblemente vencida por el poderoso león de Castilla, se arrastró humilde a los pies del trono de San Fernando para ratificar la paz que había pedido y atestiguar el respeto y sumisión que había acordado“.

la basílica del Pilar, desde la otra orilla del Ebro.con antiguo puente, el puente de piedra, el más antiguo de la ciudad, de origen romano y restaurado en numerosas ocasiones.

La basílica del Pilar y el puente de piedra, el más antiguo de la ciudad, de origen romano y restaurado en numerosas ocasiones, 1860. Charles Clifford  (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Ésta muy reciente victoria sobre Marruecos marcó el paso en un alarde de patriotismo que sembró el itinerario de los reyes de arcos de triunfo efímeros y atraía masas jubilantes y unió la victoria de Isabel II, “radiante de alegría a la hora de partir”, con la de su antecesora Isabel la Católica.

En las siguientes semanas la comitiva real visitó Alicante, Mallorca, Menorca, Barcelona, Montserrat, Tarrasa, Manresa y Lérida.

El 6 de octubre de 1860 Clifford tomó la primera de las 12 fotografías de Zaragoza que encontramos en su reportaje fotográfico. Se trata de una vista general desde Torrero, un “hermoso” barrio a las afueras de la ciudad donde almorzaron los reyes el primer día de su visita.

La siguiente fotografía muestra la fuente de Isabel II (conocida popularmente como fuente de Neptuno y trasladada en 1902 al Parque Grande) y el Salón de Santa Engracia (actual Paseo de la Independencia) -una de las entradas a la ciudad:

Si el viajero entrara en Zaragoza por Santa Engracia, y se retirara sin pasar de la Plaza de San Francisco, o de la Constitución, llevaría una idea altamente equivocada de Zaragoza. Creería haber llegado a una de las ciudades más bellas del mundo, a una de las más adelantadas de Europa, a la que en España había dado el ejemplo en punto a mejoras materiales, y nada de eso es cierto. A pesar de hallarse rodeada de abundantes y excelentes aguas, Zaragoza no tiene más que una fuente, y esa fuente no trae a la ciudad las augas de manantiales, sino que recoge las del Canal Imperial, sin un filtro que las libre de las impuridades del Ebro”.

fuente de Isabel (conocida popularmente como fuente de Neptuno, se trasladó en 1902 al Parque Grande) y el Salón de Santa Engracia (actual Paseo de la Independencia)

La Fuente de Isabel (conocida popularmente como fuente de Neptuno, se trasladó en 1902 al Parque Grande) y el Salón de Santa Engracia (actual Paseo de la Independencia), 1860. Charles Clifford  (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

La fotografía de Clifford del Salón de Santa Engracia nos da la idea de la grandeza del paseo. Sin embargo, se muestra vacío de gente y nos deja la impresión de que, o bien la fotografía fue tomada con anterioridad, o bien con posterioridad a la visita real, cuando “estaba intransitable a todas horas“. Apenas se ven dos o tres personas y escaleras apoyadas en las astas de bandera. Es de suponer que el fotógrafo optó por fotografiar el paseo vacío y así enfatizar su grandiosidad.

Las dos siguientes fotografías que tomó muestran la basílica del Pilar, desde la otra orilla del Ebro. La primera es una vista contemporánea y la segunda muestra un antiguo puente, el puente de piedra, el más antiguo de la ciudad, de origen romano y restaurado en numerosas ocasiones.

Imagen de la basílica del Pilar tomada por Charles Clifford

Vista contemporánea de la basílica del Pilar, 1860. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Sus tres siguientes fotografías muestran el patio de la Infanta, que se encontraba dentro de la Casa Zaporta, casa mandada construir en 1546 por el comerciante y banquero de origen judío, Gabriel Zaporta. En su libro Scramble, Clifford incluye dos fotografías del patio, sobre el que escribe lo siguiente: “Una joya de la arquitectura aragonesa, y camino a la ruina total; se encuentra en una parte oscura de la ciudad, y en la actualidad se usa como establo“.

Así se veía el Patio de la Infanta una mañana de 1860. La imagen fue tomada por Charles Clifford, un fotógrafo galés que desarrolló su carrera profesional en España.

Patio de la casa conocida con el nombre de los infantes, 1860. Charles Clifford (Foto: The Metropolitan Museum of Art)

Patio de la casa conocida con el nombre de los infantes, Zaragoza, 1860

Otra vista del patio de la casa conocida con el nombre de los infantes, Zaragoza, 1860 (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Que dos de las fotografías muestren signos de presencia humana en forma de una cortina que se extiende hacia el patio, parece señalar, que el monumento en estado ruinoso todavía tenía vida y uso.

“Presenta los elementos y estructura propios de los patios aragoneses del Renacimiento, entre los que sobresale por su ornamentación innovadora, especialmente interesante en los antepechos del piso principal. Los balcones aparecen flanqueados por estípites y coronados con frontones rectos y curvos que alojan importantes representaciones iconográficas”.

“Llama, sin duda, la atención el gran impacto y la profusión decorativa del recinto, que se convierte en una obra de arquitectura escultórica de perfecto equilibrio y singular belleza, rematada por un alero plateresco tallado en madera. Construcción de dos plantas, el piso inferior está formado por ocho originales columnas de representación antropomórfica y líneas manieristas que sostienem grandes zapatas sobre las que se levanta un friso corrido que da paso a la planta superior”.

Su siguiente fotografía muestra uno de los monumentos más icónicos y llamativos de la Zaragoza del siglo XIX: la Torre Nueva, “desde la cual pudimos abarcar en globo toda la ciudad y su extensa campiña“. Fue la primera parada de los Reyes durante su visita a Zaragoza.

La Torre Nueva, Zaragoza, 1860. Charles Clifford

La Torre Nueva, Zaragoza, 1860. Charles Clifford

Flores le dedica estas palabras en su crónica: “La inclinación que tiene por la parte del Sur, que es de 2 metros 60 centímetros, es lo que le da la mayor celebridad entre el vulgo; pero sin esta extravagancia, que es en verdad notable, la época de su construcción, lo caprichoso de su fábrica y otras muchas circunstancias que concurren en ese monumento, le hacen digno de especial mención”.

Clifford a su vez escribe sobre la Torre Nueva: “Construida como una torre de reloj. Su pérdida de perpendicular se debe a un terremoto. Sus cimientos han sido reforzados y poco se teme que vaya a inclinarse más”.

Clifford también fotografió la fachada principal de la iglesia Santa Engracia, sobre la que escribió lo siguiente: “Puerta de Santa Engracia. Lo único que queda de esta antaño célebre iglesia y convento, conocida por su riqueza arquitectónica”.

A continuación retrata “un obelisco de gusto árabe, decorado con los atributos de la agricultura, de la industria y del comercio”, una construcción efímera erigida para la visita real en el Coso.

Sin salir del Coso, Clifford fotografió la portada de los gigantes del Palacio de los Luna, “uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura palacial en Zaragoza que databa de finales del siglo XV. Los elementos más característicos son los dos gigantes esculpidos que flanquean la puerta, que se identifican con Hércules y Teseo”.

Para terminar el recorrido fotográfico de Zaragoza, Clifford fotografió un carro triunfal adornado. “El pueblo, labrador en la paz y soldado en la guerra, había preparado dos magníficos carros triunfales para representar ambas inclinaciones. En el primero se veía un numeroso grupo de hermosas aldeanas y otros tantos labradores que cantaban al son de una alegre música”.

carro adornado zaragoza aldeaas y labradores

Carro triunfal con aldeanas y labradores, Zaragoza, 1860. Charles Clifford  (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

El 20 de noviembre de 1860, El Clamor Público comenta: “Hemos tenido ocasión de examinar las vistas fotográficas que ha tomado el acreditado artista Mr. Cliffor, de las principales ciudades, poblaciones y de otros sitios por donde pasó la corte en la visita que hizo la Reina a fines de verano último a varias provincias del Reino. Están desempeñadas con la limpieza y corrección que distinguen todos los trabajos de Mr. Clifford, y forman una historia en fotografía muy curiosa e interesante, del itinerario que recorrió la regia comitiva y de los arcos, adornos y festejos con que fue recibida por las autoridades”.

El álbum se terminó de confeccionar en febrero de 1861 y un anuncio de prensa que salió en varios periódicos el 23 de marzo de 1861 informó de que se habían confeccionado 12 únicas copias del álbum de Baleares, Cataluña y Aragón y que la Reina había regalado una a cada uno de sus siete ministros.

En el archivo de Palacio se ha encontrado copia de una factura a nombre de C. Clifford con fecha de octubre de 1860. El montante para la confección de 19 copias del álbum con 56 láminas (1.064 vistas sobre cartón de Bristol) es de 42.560 reales. Añadiendo los gastos del viaje, la remuneración recibida por Clifford un año después, por lo que es patente que el pago al fotógrafo se demoró.

El año 1861 supone en la trayectoria fotográfica de Clifford un paréntesis, visto que hasta la fecha solo se han identificado dos fotografías, retratos de la Reina Victoria del Reino Unido.

La Reina Victoria en Windsord, 1861. Charles Clifford

La Reina Victoria en Windsord, 1861. Charles Clifford (Foto: Victoria and Albert Museum)

El 14 de noviembre de 1861, Clifford realizó dos retratos de la Reina Victoria en Windsord. La reina anotó en su diario que se había vestido con traje de noche con diademas y joyas, y que fue fotografiada por Clifford por encargo de la Reina de España.

Helmut Gernsheim, pionero en la investigación de la historia de la fotografía, señala que este retrato se diferencia mucho de los típicos de la época, que mostraban a la reina rodeada de sus hijos o tejiendo, y que se consideraba el retrato más llamativo de los realizados hasta la fecha de la reina, tanto le gustaba a Victoria que mandó copiarlo al óleo.

El retrato fue publicado por Marion & Co. de Londres y, aunque la reina dio permiso especial a Clifford para reproducirlo, se esperó hasta 1863 para reproducirlo de manera masiva (durante la década de los 60 del siglo XIX se hicieron más de 100.000 copias de este retrato).

En primavera de 1862 Clifford publica Scramble, una relación numerada de fotografías elaborada con el objetivo de atender a la demanda de vistas de España de la Casa Real inglesa.

Incluye una buena representación de la obra gráfica de Clifford hasta 1860, y posiblemente hasta el mismo 1861, si tenemos en cuenta las vistas de Sevilla. Además, el catálogo del Scramble incluye apuntes fotográficos que aportan descripciones e información histórica de interés, información bastante detallada sobre España.

A photographic scramble through Spain, 1862. Charles Clifford (Foto: Royal Collection Trust)

“A photographic scramble through Spain”, 1862. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Una vez más estamos ante la técnica descriptiva exclusiva de Clifford que aporta color, animación y vida a sus fotografías de color sepia. El resultado es un catálogo fotográfico con aspecto de guía de viaje. La primera noticia de la publicación de este libro aparece en la primavera de 1862.

El libro, de 48 páginas en total, no consta solo de una relación de las fotografías de Clifford en forma de catálogo. La primera parte es una auténtica guía de viajes de la época (páginas 1-29), al estilo de las publicaciones de la época en las que el viajero contaba sus experiencias, y daba sus opiniones y sugerencias para futuros visitantes al país.

Lo primero que nos llama la atención del libro es precisamente el nombre, “Scramble”. La definición de esta palabra, entre otras, según el Oxford Dictionary es “una escalada o caminata sobre terreno difícil“. Esta definición es la que quizás se adapte con más exactitud a la idea que tenía Clifford sobre las dificultades que encontraba un viajero a mediados del siglo XIX en España.

Aunque el ferrocarril se había introducido en las redes de transporte y se encontraba en vías de desarrollo en la segunda mitad de la década de los 1850, muchos de los lugares a los que se refiere Clifford en el libro seguían siendo de difícil acceso y no había más opciones para el viajero que la diligencia o caravana de mulas como medio de transporte.

A photographic scramble through Spain

“Vista de Madrid”, una de las imágenes que Clifford incluyó en “A photographic scramble through Spain”, 1862. Charles Clifford (Foto: Royal Collection Trust)

Estos viajes por carretera o campo a través no estaban exentos de riesgo y peligros, convirtiendo en ocasiones al viajero en aventurero. La palabra “Scramble” también sugiere algo de desorden e improvisación, una mezcla de experiencias variadas. El libro en cierto modo es una mezcla de experiencias, de sensaciones y reacciones, de anécdotas personales, de descripciones, de datos históricos y de interés para viajeros, de recomendaciones y de advertencias, todos incluidos en un recorrido turístico que abarca una amplia extensión geográfica en pocas páginas.

En resumen, la palabra “Scramble” transmite la idea de un viaje dificultoso y algo desordenado, no exento de aventuras que Clifford supera con humor y buena disposición.

El viaje a Andalucía y Murcia fue un momento cumbre en la obra y vida de Clifford por tres motivos: fue el viaje más ambicioso de los viajes reales llevados a cabo desde finales de la década de los 1850, el álbum resultante, el más extenso de los álbumes encargados por la Casa Real española, evidenciaba el dominio de la técnica de Clifford, y fue su último trabajo, realizado a escasos dos meses de su prematura muerte en enero de 1863.

Sevilla. Puente de Hierro, 1854. Álbum Andalucía9, BNE; Madrid

Sevilla. Puente de Hierro, 1862. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

En total, el álbum de Andalucía contiene 92 fotografías: 5 de Córdoba, 26 de Sevilla, de las cuales 8 se titulan “Alcázar Real”, más 2 de S. Isidoro del Campo e Itálica respectivamente, 5 de Cádiz, 2 de Jerez, 4 de Jaén, 31 de Granada, de las cuales 24setitulan “La Alhambra”, 7 de Málaga, 2 de Almería, 2 de Cartagena, 4 de Murcia y 2 de Orihuela.

La Alhambra y el Alcázar Real eran los monumentos históricos que más interesaban a Clifford, como se refleja en el catálogo de su libro el Scramble y en el conjunto de su obra en general, cosa nada inusual en aquella época, ya que eran también los monumentos españoles de mayor interés para los viajeros ingleses.

La fotografía de gitanos bailando y cantando en el patio de los leones de la Alhambra es digna de mención aparte.

La Alhambra. Jitanos (sic.) Bailando, 1862,BNE, Madrid.

La Alhambra. Jitanos Bailando, 1862. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Con ella Clifford parece haber iniciado el recurso de ambientar el lugar con el uso de figuras pintorescas que se convirtió en habitual en la segunda mitad del siglo XIX. Mucho se ha especulado sobre su porqué en el álbum entre las fotografías del monumento, los alrededores y los detalles de su arquitectura.

El escritor Hans Christian Andersen, en un viaje por España, coincidió con Clifford en el momento de realizar las fotografías. Aporta el siguiente relato:

“Pasó una panda de gitanos; debía de ser una familia entera vestida de fiesta: las mujeres en colores chillones y flores rojas como el fuego en los brillantes cabellos; hasta las nenas más pequeñas, que traían en brazos, venían adornadas cada una con una flor en el pelo. Iban a la Alhambra. Cuando, poco más tarde, volví a subir a la Alhambra para una vez más disfrutar de su belleza, tuvimos que esperar también un buen rato: yo y muchos extranjeros”.

La Alhambra. Patio de los Leones

La Alhambra. Patio de los Leones, 1862. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

“El Patio de los Leones y la Sala de las dos Hermanas estaban, por orden de su majestad la reina, siendo fotografiadas por un famoso fotógrafo inglés; el hombre se encontraba en plena faena, y no se permitía entrar a nadie por temor a que le molestase. A través de los arcos reconocimos a toda la tribu gitana que antes viera yo subir hacia allí: les habían mandado llamar para animar los retratos con personas vivas. Habían sido agrupados en el patio; un par de los críos más pequeños totalmente desnudos y dos muchachas con dalias en el pelo posaban en actitud de bailar; una gitana vieja, infinitamente fea, reclinada contra una esbelta columna de mármol, tocaba una zambomba, una especie de puchero de tocar, mientras que una mujer gorda, pero aún bastante guapa, vestida con falda de volantes y colorines, tocaba la pandereta. En un santiamén estuvo hecha la foto; imposible describirla; quizá un día la vea, pero ésta era, con toda seguridad, la última vez que contemplaba la Alhambra”.

La intención de Clifford en la elección de este tema queda patente en el relato de Andersen: “les habían mandado llamar para animar los retratos con personas vivas. Habían sido agrupados…”. De algún modo aportan dinamismo a un monumento estático, aunque quizás este hecho se refuerza al tener en cuenta el estado ruinoso de la Alhambra en aquel momento.

Clifford, al igual que otros viajeros, evoca en su relato en el Scramble una escena del pasado musulmán del monumento, como recordando con nostalgia su pasado glorioso: “(…) se despierta nuestra simpatía por los moros y nuestra imaginación evoca escenas del pasado, llenando las salas desiertas con los solemnes ocupantes orientales e invadiendo el Albaicín abandonado con hordas de trabajadores, pintorescos cultivadores con turbante de tierra y seda”.

Al llenar el Patio de los Leones de gitanos bailando y cantando, lo cierto es que Clifford aporta color y movimiento al álbum con ese toque folclórico. De algún modo, moderniza La Alhambra trayéndola a la actualidad. Reanima un monumento ruinoso.

Clifford falleció el 3 de enero de 1863. La siguiente noticia, que apareció el mismo día en La Época, aclara la causa: “Ha fallecido en esta corte el fotógrafo de cámara D. Carlos Clifford a consecuencia de una aneurisma”.

La aneurisma parece haber sido la causa más probable de la muerte de Clifford por imprevisible, aunque sería conveniente recordar que muchos pioneros de la fotografía se morían jóvenes debido a la exposición a productos químicos, por ejemplo.

Fue enterrado en el cementerio británico en Madrid.