El Paseo de Sagasta es una de las principales avenidas del centro de Zaragoza y se extiende por más de 1 kilómetro desde la Plaza de Paraíso hasta el Paseo Cuéllar.

Su origen está en el camino que iba hacia Torrero desde la Puerta de Santa Engracia cruzando el río Huerva.

Después de los Sitios de 1808 y 1809, la ciudad comenzó a extenderse por el Camino de Torrero. Por aquel entonces en el camino sólo había algunas torres de recreo y pequeñas industrias instaladas en los alrededores del río.

El actual Paseo Sagasta nació en el año 1900, como resumió el historiador Valeriano Bozal en su libro Historia del arte de España: “del deseo de la burgués de establecer áreas diferenciadas socialmente dentro de Zaragoza”.

El Paseo Sagasta en el año 1900

El Paseo Sagasta en el año 1900. Foto: Archivo Municipal de Zaragoza

El Paseo de Sagasta ha tenido varios nombres a lo largo de su historia. Tradicionalmente, y hasta que se urbanizó, se denominó Camino de Torrero, por ser la vía que comunicaba el centro de Zaragoza, con el barrio de Torrero.

A principios del siglo XX se llamó Paseo de Sagasta hasta que, tras la Guerra Civil, pasó a denominarse Paseo del General Mola. Tras el restablecimiento de la democracia, el paseo volvió a recuperar su antiguo nombre, Paseo de Sagasta.

Caminando por el Paseo Sagasta, uno se encuentra de repente inmerso en lo que podría equivaler a la típica calle comercial de cualquier ciudad, con la particularidad de que la más humilde de las tiendas puede ser una espectacular obra arquitectónica con detalles modernistas o preciosas tipografías antiguas.

Vista de la Casa Retuerta desde el Paseo Sagasta

La Casa Retuerta, proyectada por el arquitecto Juan Francisco Gómez Pulido en 1904

Es uno de esos sitios donde parece que el tiempo se haya detenido años atrás, cuando todo era más sencillo y la gente no tenía tanta prisa.

Sagasta es un bulevar, repleto de comercios que van desde mercados, restaurantes y bares de exuberante ambiente musical hasta ferias de artesanos, farmacias, tiendas de suvenires, librerías, bibliotecas, centros culturales y museos.

Los árboles del Paseo de Sagasta forman una capilla sixtina, crecen en dos filas paralelas convirtiendo el paseo en una lengua de sombra –que tanto se agradece en agosto- un rastro custodiado por ese verde que crece a uno y otro lado extendiendo sus ramas cual brazos largos que, al encontrarse, se tocan con la punta de un dedo.

Posee una rambla central por donde caminan a diario miles de transeúntes; niñas, niños y adolescentes montan patines, corren y saltan la cuerda; los enamorados se dan cita; ancianos se sientan a conversar, leer el periódico o distraerse con juegos de mesa a la sombra de los laureles; grupos de turistas curiosos miran hacia todas partes; artistas y artesanos exponen y venden sus creaciones.

Mientras tanto, lado a lado la vida pasa. Y es que cuando andamos por Sagasta, el tiempo parece detenerse, el aire es más fresco y desaparecen las preocupaciones.

Personas caminando por el bulevar central del Paseo Sagasta

Personas caminando por el bulevar central del Paseo Sagasta

El Paseo Sagasta comenzó a construirse a principios del XX y muy pronto se convirtió en el bulevar preferido por las familias burguesas y aristocráticas zaragozanas para edificar sus mansiones.

En ese periodo Zaragoza era una ciudad moderna, con barrios muy bien delimitados y un centro histórico y unos ensanches donde la nueva burguesía construía sus viviendas. Un periodo de entusiasmo que se reflejó en la imagen de la capital. El modernismo empezó a desarrollarse en Zaragoza en los primeros años de la década de 1900 y duró solo unos diez años.

A la izquierda se levantaron bloques de viviendas de alquiler y de plantas ‘principales’ donde residían los propietarios y a la derecha, pequeños hoteles y chalés modernistas.

El Paseo Sagasta en 1910

El Paseo Sagasta en 1910. Foto: Archivo Municipal de Zaragoza

El Paseo de Sagasta se convirtió en un conjunto modernista, con la Casa Juncosa (número 11), diseñada por José de Yarza Echenique; la Casa Retuerta (número 13) de Juan Francisco Gómez Pulido proyectada en 1904; la Casa de Manuel López Florez (número 17) de 1903 del arquitecto Félix Navarro Pérez, la Casa Corsini (número 19) del año 1904, también de Juan Francisco Gómez Pulido; y la Casa Palao (número 76) del año 1912 diseñada por Miguel Ángel Navarro.

El bulevar central, imagen reconocible de Sagasta

El bulevar central, imagen reconocible de Sagasta

En esta época también se ubicaron en esta zona dos importantes centros educativos: el Colegio del Salvador de los Jesuitas y el Colegio del Sagrado Corazón.

Desde su inauguración en 1944, el Cine Elíseos (números 2-4) fue uno de los locales de ocio más lujosos de la capital aragonesa gracias al eclecticismo clasicista de su decoración. Cerró en agosto de 2014, en principio para adaptar el sistema de proyección a las nuevas tendencias, pero nunca más volvió a la vida.

Antiguo Cine Elíseos

Antiguo Cine Elíseos

A escasos metros del Cine Elíseos, en el número 12, abrió sus puertas el 16 de Febrero de 1967 el Cine Mola. Proyectó iconos del cine como La Misión o Pulp Fiction hasta 2005, antes de convertirse en un 100 Montaditos.

El Corte Inglés está situado en el número 3, la zona más bulliciosa de Sagasta. Popular y práctico, este centro comercial tiene muy claro que su clientela no esta dispuesta a desembolsar cifras astronómicas pero exige la mayor calidad.

El Corte Ingles del Paseo Sagasta de Zaragoza

El Corte Inglés visto desde el Paseo Sagasta

Frente al Corte Inglés, en la Glorieta de Sasera, se encuentran dos cañones, conocidos como ‘Tigre’ y ‘Rayo’. Se colocaron en 1909 junto a un obelisco conmemorativo en recuerdo del Reducto del Pilar, una construcción defensiva alzada por los zaragozanos tras el primer sitio francés y que se empleó en el segundo hasta que fue tomado por los franceses.

Los Cañones del Corte Inglés

‘Tigre’ y ‘Rayo’, los cañones del Corte Inglés

Un poco más adelante, en el número 5, está Los Espumosos, un acogedor espacio cervecero, donde podréis tomaros una cerveza bien fresquita mientras disfrutáis de una ensaladilla rusa o unas bravas. Una delicia.

Vista de la Cervecería Espumosos desde el Paseo Sagasta

La Cervecería Espumosos

En el vértice de la Calle Lagasca y el Paseo de Sagasta se ubica la antigua clínica del Doctor Lozano (1903),  una casa con mucha historia, no solo por haber sido centro médico de referencia durante décadas, sino por su gran belleza arquitectónica.

Fachada de la antigua clínica del Doctor Lozano (Calle Lagasca esquina con Paseo Sagasta)

Fachada de la antigua clínica del Doctor Lozano (Calle Lagasca esquina con Paseo Sagasta)

En 1936 se construyó en el número 24 el edificio de la Confederación Hidrográfica del Ebro obra de Regino Borobio y José Borobio. Es una obra que sigue los postulados del racionalismo arquitectónico, y que destaca por la rotundidad de su volumetría e integración en el entorno y por su planteamiento funcional y constructivo.

Bajorrelieve de Félix Burriel en la fachada de la Sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro

Bajorrelieve en la fachada de la sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro (número 24)

En 1903 el arquitecto Julio Bravo y Folch proyectó el convento e iglesia para las Siervas de María. El edificio se construyó en una amplia parcela en origen prácticamente triangular con pequeña fachada al Paseo de Sagasta, jardines y huerta que ocupaba buena parte del centro de la manzana.

La fachada recayente al Paseo de Sagasta está construida totalmente de ladrillo visto, y tiene una composición simétrica, con un cuerpo central flanqueado por dos torres de escasa altura, siguiendo planteamientos formales de un románico simplificado.

Iglesia de las Siervas de Maria en el Paseo Sagasta de Zaragoza

Iglesia de las Siervas de Maria en el Paseo Sagasta de Zaragoza

En el número 37 se ubica la Casa Ginés. La clausura de la Exposición Hispano-Francesa de 1908 vino a suponer la culminación del éxito de la arquitectura modernista en Zaragoza y, en cierta manera, el inicio de su agotamiento. Este edificio de viviendas proyectado por Antonio Palacios para Gregorio Ginés en 1910 es uno de los ejemplos más interesantes de este momento de renovación arquitectónica en la ciudad.

Antonio Palacios apostó por una arquitectura ecléctica en la que conviven detalles próximos al naturalismo art-nouveau con toques vieneses y, sobre todo, elementos de origen clasicista. Todo ello inspirado en la gran arquitectura francesa de cambio de siglo.

Más adelante, en el número 43, se halla el antiguo ‘Edificio de Riegos y Vías’ proyectado por Pascual Bravo en 1925. La principal aportación de Pascual Bravo está en el diseño de la fachada, en la que ya se aprecia su preferencia por las líneas clasicistas, de gran empaque aunque, por supuesto, depuradas. Esta forma “moderna” de recuperar lo clásico es algo que perdurará en la trayectoria de Bravo.

Al final del Paseo Sagasta, junto al Paseo de Cuéllar, está situado el bonito Parque Pignatelli, un desconocido para muchos zaragozanos. El parque tiene más de un centenar de especies vegetales, muchas de ellas plantadas en el siglo XIX, por lo que es uno de los más antiguos y encantadores de Zaragoza.

Se extiende en paralelo a Cuéllar hasta la iglesia de San Antonio, en lo que fueron viveros del Canal Imperial de Aragón, que se unían, con un paseo, al Puerto de Miraflores y a las llamadas Playas de Torrero.

Aquí llegaban las embarcaciones con pasajeros hasta la mitad del siglo XIX y las hortalizas y materias primas hasta la mitad del siglo XX. Desde ese punto, los tranvías, de mulas primero y electrificados más tarde, las bajaban al centro de la ciudad.

El Canal Imperial de Aragón en 1934 a su paso por el barrio de Torrero. Foto: Archivo Municipal de Zaragoza

El Canal Imperial de Aragón en 1934 a su paso por el barrio de Torrero. Foto: Archivo Municipal de Zaragoza

A veces uno no se dirige precisamente al Paseo Sagasta, a veces uno va para otro lado, a otra plaza, a otra gestión, a veces por ahí se hace más lejos pero igual uno toma Sagasta, como si fuera un recorrido obligatorio o una suerte de apremio por llenarse de la vida que recorre ese paseo de un extremo a otro.

Es un lugar muy agradable y alegre en el que sentarse a media tarde a contemplar tranquilamente el bullicio de una de las mayores arterias comerciales y turísticas de la capital.

Eso (y muchísimo más) es Sagasta: un lugar donde es fácil perderse y sentirte dentro de una aventura, una locura y un remanso de paz, todo depende de donde estés y del momento del día.