No debería ser ningún secreto que el Casco Histórico de Zaragoza se estructura en torno a sus plazas, cada una con su abanico de atractivos.

Escenario de todo tipo de celebraciones (combates, autos de fe, ejecuciones, representaciones teatrales, fiestas, torneos, canonizaciones y proclamaciones, etc.), ha cambiado de nombre hasta en diez ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de la ciudad.

Es uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de Zaragoza, donde el Barroco convive en armonía y complementariedad al lado del Modernismo inspirado en Antoni Gaudí.

De unos años a esta parte, sólo se habla del profundo proyecto de rehabilitación de la Plaza de la Magdalena, de lo nuevo que luce el empedrado, de lo bella que es la pintura cuando no está desconchada, del olor a cemento fresco que, como el pan recién hecho, huele delicioso. Casi completamente restaurada, rezuma arte por los cuatro costados.

No puedes perderte una de las torres más hermosas de Zaragoza: la de la iglesia de la Magdalena.

Vista de la torre Mudejar de la iglesia de la Magdalena desde la calle Mayor

Contempla el arte mudéjar desde esta plaza en uno de los barrios alternativos de moda. Los jueves únete a la multitud que se concentra por el Juepincho y aprovecha para tomar una tapa y bebida a precio reducido.

A pesar de este maná de sillas y mesas, por la noche no es fácil encontrar sitio para sentarse, pero cuando se consigue, no hay quien te desenganche el culo de tu trocito de paraíso urbano.

En Plaza de la Magdalena se encontraba la Puerta de Valencia, la puerta este de la muralla romana. En 1867, ante la necesidad de ampliar la plaza, se aprobó su derribo.

Se conservaron algunos sillares con inscripciones en latín, que pueden verse en el Museo de Zaragoza. En la misma plaza, todavía permanecen visibles varios sillares perfectamente labrados y adosados en el muro de una casa, además del recuerdo de la puerta desaparecida en una pintura mural de un edificio anexo.

sillares perfectamente labrados y adosados en el muro de una casa

Restos de la muralla romana adosados a un edificio de la Plaza Magdalena

Situada en el corazón de la parte antigua de la ciudad, la Plaza de la Magdalena sorprende por su forma irregular, muy diferente de la delimitación, generalmente cuadrada o rectangular, de las plazas tradicionales. Tampoco es habitual encontrar en Zaragoza la esencia de su ambiente popular, su resistencia de barrio sin imposturas.

En 1587 se construyó el primer edificio de la Universidad de Zaragoza en la Plaza de la Magdalena, de planta rectangular y alrededor de un patio central. A través de él se accedía a la capilla de Pedro Cerbuna, a la biblioteca, a las aulas o a la casa del bedel.

Los Sitios de Zaragoza dejaron su huella en el inmueble. El general Palafox ordenó la militarización del edificio de la universidad, así se convirtió en maestranza del arma de ingenieros. Las voladuras de los franceses destruyeron sus dos fachadas principales y el edificio quedó casi en ruinas.

Se decidió intervenir a mediados del siglo XIX, llevando a cabo la reforma más importante. Por ejemplo, se cambió la distribución de las fachadas del edificio. En un principio la entrada principal se encontraba en el Coso Bajo y después en la plaza de la Magdalena.

Ricardo Magdalena diseñó la última actuación. Caracterizó al edificio de un estilo clasicista, con arcos de medio punto y rematado con motivos vegetales. Magdalena no pudo culminar sus trabajos, así que Luis de la Figuera cogió el relevo. El resultado final, en 1912, fue un complejo de ladrillo con revestimientos de estuco, como marcan las tradiciones aragonesas del Renacimiento y del Mudéjar.

El edificio de la Universidad en la Plaza de la Magdalena. en 1930 (Imagen: Fototeca del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura bajo licencia CC BY-NC 2.5 ES)

El edificio de la Universidad de Zaragoza en la Plaza de la Magdalena en 1930

En 1956 se trasladaron los principales fondos de la biblioteca universitaria a la nueva Facultad de Filosofía y Letras del Campus de San Francisco. Eran tiempos de dictadura pero Heraldo de Aragón ya hablaba de pérdidas importantes de libros, que en el traslado nunca llegaban a la nueva Filosofía y Letras.

En 1969 el Ministerio de Educación aprobó el derribo del edificio de la Universidad de la Magdalena, salvo la Capilla de Cerbuna, sede de la Biblioteca.

En 1973 se hundió la Capilla de Cerbuna, en la que todavía quedaban fondos bibliográficos, que quedaron expuestos a la intemperie, entre las ruinas, y al saqueo, sin que nadie lo impidiera.

En el año 2013 todavía algunas personas de buena fe entregaban ejemplares de aquella biblioteca a las autoridades. Los restos del edificio fueron piqueteados. En el solar se levantó el IES Pedro de Luna.

Para recordar lo perdido se pueden observar dos murales que muestran cómo era la universidad en sus primeros años, con la Puerta de Valencia a un lado, y cómo fue en su última etapa. Un recuerdo que pasa desapercibido entre la hiedra de la fachada del instituto que ocupa su lugar y que da a la plaza de la Magdalena.

De unos años a esta parte, ha pasado de ser la eterna olvidada a convertirse en uno de los lugares más cool y creativos de la capital, gracias a su variedad de bares y tiendas y a los ocasionales eventos.

Es probablemente el rincón más bello de Zaragoza, y no solo para turistas: los niños de una escuela juegan al aire libre o se sientan a leer bajo los inmensos portales ajenos al trasiego de los visitantes.

La Plaza se llena de vida (y ruido) por las tardes, cuando los niños de la escuela de primaria situada justo al lado de la iglesia terminan sus clases y se reúnen para jugar a fútbol.

Vista de la iglesia de la Magdalena desde la Plaza del mismo nombre