En pleno corazón de Zaragoza, una calle nos invita a adentrarnos en la parte antigua de la ciudad y a conocer muchos de sus secretos, mientras propone un sugerente diálogo con el presente. Se trata de Méndez Núñez.

Méndez Núñez es una de las calles más concurridas del Casco Histórico de Zaragoza, solo superada por Alfonso. Adoquinada y libre de coches, Méndez Núñez une la plaza San Felipe y la calle Don Jaime.

Casto Méndez Núñez fue un marino español del siglo XIX. Durante la guerra hispano-sudamericana (1864-1866) entre Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, por un lado, y España, por el otro, Méndez Núñez dirigió la escuadra española a bordo de la fragata Numancia y bombardeó la ciudad y puerto de Valparaíso, habiendo dado un preaviso de cuatro días para su evacuación, lo que permitió retirarse a las unidades británicas y estadounidenses que se encontraban en el puerto.

A continuación atacó las fortificaciones del puerto del Callao (2 de mayo de 1866). Sobre las 5 de la tarde, Méndez Núñez ordenó finalizar el ataque, con dos de sus cinco buques averiados y herido en su camarote. También dio orden de que “suba la gente a las jarcias y se den los tres vivas de ordenanza antes de retirarnos”, al entender que había cumplido su propósito. Como consecuencia de esa campaña se divulgó de forma extraordinaria una frase que se le atribuye: “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Por este hecho fue ascendido a jefe de escuadra según Real Decreto de 10 de junio de 1866 rubricado por la reina Isabel II y por de 27 de junio de 1866 le fue concedida la Gran Cruz de Carlos III.

Lienzo de Antonio Muñoz Degrain del museo naval que representa el momento en que cayó herido el marino Méndez Núñez en el puente de la fragata Numancia durante el bombardeo a los fuertes de El Callao, el 2 de mayo de 1866

Lienzo de Antonio Muñoz Degrain del Museo Naval que representa el momento en que cayó herido el marino Méndez Núñez en el puente de la fragata Numancia durante el bombardeo a los fuertes de El Callao, en 1866

Recientemente restaurada por el Ayuntamiento de la Ciudad, Méndez Núñez lleva siendo una de las principales calles comerciales de Zaragoza desde el siglo XVI. Testigo de infinidad de acontecimientos, rica en secretos y anécdotas, Méndez Núñez ha latido al ritmo del corazón de los zaragozanos a través de los siglos.

En el trazado de la calle se alternan numerosas tiendas, hoteles, restaurantes, museos y otros lugares de interés. Esta calle resulta ser una verdadera galería al aire libre donde se contemplan los estilos más diversos, la mayor parte de ellos concebidos en la primera mitad del siglo XX.

Casi todas las edificaciones poseen más de dos plantas y predominan las viviendas. Distinguen por sus altos puntales y los balcones que sobresalen sobre la acera. Por lo general, carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona. A ratos, algún pequeño árbol acompaña nuestro trayecto.

Los balcones se asoman a la calle, como queriendo ser parte de todo cuanto ocurre y, dividiéndolos, están los guardavecinos, esas rejas con los más caprichosos diseños que tipifican los barrios y marcan los pequeños límites perimetrales entre viviendas contiguas. El ir y venir de la gente forma parte del entorno visual y acústico.

Entrando a Méndez Núñez desde Alfonso I, a la izquierda encontramos la calle de las Vírgenes, en cuya acera derecha se encontraba el Colegio de las Vírgenes, una institución religiosa benéfica fundada en 1531, durante el reinado de Carlos I, que acogía a solteras y viudas de la nobleza.

La finalidad de esta institución religiosa era la vida de retiro y trabajo al servicio de Dios y de los hombres; sus integrantes no tenían obligación de voto alguno, no tenía carácter conventual y gozaban de bastante libertad para realizar sus funciones. Se dedicaron especialmente a obras de carácter benéfico, como hospedaje y cuidado de mujeres de vulnerables y con pocos recursos. El Colegio se clausuró en 1837 y se derribó en 1886, quedando el nombre de la institución dedicado a la calle donde tuvo su sede.

El Nobel aragonés Santiago Ramón y Cajal vivió en un discreto inmueble de tres alturas en el número 13 de la calle Méndez Núñez, donde una placa lo recuerda desde el 26 de febrero de 2009. Al parecer, ocupaba el piso principal para vivienda, y el inmediatamente superior como laboratorio.

Casa de Santiago Ramón y Cajal en el número 13 de la calle Méndez Núñez de Zaragoza

Ramon y Cajal (1884-1887) autoretrato en Valencia

Ramón y Cajal trabajando en su laboratorio en un autorretrato fechado en 1884

En la pequeña plaza que se abre a la altura del número 17-19 estuvo entre 1901 y 2017 la papelería Canudo.

A la izquierza de la imagen la fachada de la antigua papelería Canudo cubierta de graffitis

A la izquierza de la imagen la fachada de la antigua papelería Canudo cubierta de graffitis

Allí también tuvo su primera sucursal, entre 1905 y 1913, la Caja de Ahorros de Zaragoza, actual Ibercaja.

En el número 17-19 estuvo entre 1905 y 1913, la primera sucursal de la Caja de Ahorros de Zaragoza, actual Ibercaja.

En el número 17-19 estuvo entre 1905 y 1913, la primera sucursal de la Caja de Ahorros de Zaragoza, actual Ibercaja.

En 1992 se inauguró en el número 32 de la calle Méndez Núñez la primera tienda que abrió la empresa zaragozana de juguetes Imaginarium, una compañía que ha crecido convirtiéndose en una multinacional orientada a la educación infantil. Ese establecimiento cerró en 2018.

En la misma replaceta que ocupaba, se halla la librería Luces de Bohemia (Méndez Núñez, 25). Este local está especializado en la compraventa de libros, carteles antiguos, fotografías, postales, grabados, cómics y textos descatalogados. Y son veteranos en el tema porque llevan haciéndolo desde hace más de 30 años.

Aquí vienen a retirarse algunos de los mejores libros de Zaragoza. Aunque a simple vista pueda parecer un cajón desastre, hay verdaderas joyas literarias en sus estanterías.

En el número 38 se encuentra la casa de comidas La Republicana, renombrada así en 1997 tras haber sido antes el Café Recuerdos. En La Republicana reinterpretan las clásicas recetas de la gastronomía española con un notable éxito, dándole un toque moderno a los platos pero sin perder ni un ápice de sabor. Hay respeto por la tradición y la calidad de la materia prima. Es puro disfrute.

La Republicana

En la esquina de las calles Méndez Núñez y Don Jaime se ubica una de las pastelerías con mas tradición y reputación de la ciudad. La Flor de Almíbar es una pastelería familiar, fundada en 1856 y situada en el casco antiguo de Zaragoza. Su techo es una obra del siglo XIX del reconocido arquitecto Ricardo Magdalena.

Generación tras generación se han ganado merecidamente el honor de hacer los dulces artesanos más antiguos de la ciudad.

Especializada en la confitería tradicional, Fantoba produce excelentes hojaldres, turrones, delicados roscones (que se comen el 6 de enero y el día de San Valero), frutas confitadas envueltas en chocolate, trenza, violetas escarchadas y pastelillos de formas perfectas.

Pasteleria Fantoba