El primer documento que atestigua la residencia de judíos en Zaragoza es del año 839, cuando un diácono alemán se trasladó a Zaragoza, se convirtió al judaísmo tomando el nombre de Eleazar y casándose con una judía.

Zaragoza, cabecera de la marca superior y luego capital de su propia taifa, alojó una de las comunidades judías más importantes de Al-Ándalus.

Durante los siglos X y XI destacaron figuras como Yoná Ibn Yanáh, médico y escritor; Yekutiel ben Isaac, poeta que llegó a alcanzar la dignidad de gran visir; su discípulo el poeta y filósofo Solomo Ibn Gabirol; el también poeta y filósofo Ibn Paquda; el médico y botánico Ibn Buqlaris; y el poeta Yehuda Halevi.

Zaragoza fue conquistada por el rey de Aragón Alfonso I El Batallador en 1118. La capitulación de la ciudad no menciona a sus habitantes judíos y se supone que permanecieron en la ciudad ocupando el mismo barrio que ocupaban antes. En 1175 se documenta por primera vez la aljama de los judíos en la Zaragoza cristiana.

El Seminario de San Carlos, en este lugar estuvo la sinagoga mayor de Zaragoza

El Seminario de San Carlos, en este lugar estuvo la Sinagoga Mayor de Zaragoza

Su población judía creció en el siglo XII como consecuencia del influjo de refugiados que huían del fundamentalismo almohade. El reinado de Jaime I vio el acceso de judíos zaragozanos a algunos de los puestos más altos del reino, como Jahudá de la Cavallería que fue baile de Zaragoza y auditor de los otros bailes del reino. Otros linajes judíos importantes de Zaragoza fueron los Alazar y los Alconstantiní.

Los Baños Judíos de Zaragoza (también llamados Baños del Rey) estaban situados justo enfrente de la fortaleza conocida como el Castillo de los Judíos, que hacía las funciones de Sinagoga Mayor, hospital, carnicería y cárcel y cuyo solar ocupa ahora el Seminario de San Carlos.

De la antigua sinagoga solo se ha conservado una sala de planta ligeramente rectangular, organizada a modo de claustro, con cuatro tramos en las galerías cortas y cinco en las largas, abovedados con crucería sencilla, con diez columnas para separarlos del espacio central también rectangular y cubierto por bóveda esquifada.

Los baños aparecen ya mencionados en algunos escritos en 1266 y en 1291, como el sítio donde se bañaban los judíos zaragozanos según la antigua costumbre. Eran uno de los epicentros de la vida social de la judería de la ciudad.

Inicialmente la judería se encontraba dentro de las murallas romanas de la ciudad, pero en el año 1273 Jaime I permitió que los judíos se instalaran también en la zona contigua fuera de la muralla, cerca del antiguo Coso, en lo que se llamaría la judería nueva o de los callizos.

Interior de los Baños Judíos de Zaragoza

Interior de los Baños Judíos de Zaragoza

A finales del siglo XIII la judería vieja ocupaba el cuadrante sudoriental del antiguo recinto romano, extendiéndose por el norte hasta las proximidades de la calle Mayor y la Magdalena, y llegando por el oeste hasta la calle de San Gil, estando rodeada en la parte interior a la muralla por un muro de ladrillo.

La nueva judería se ubicaba entre el Coso y la calle San Miguel, probablemente en el lugar de las actuales calles Flandro, Hermanos Ibarra y Rufas.

Toda la zona estaba amurallada y se comunicaba con la zona cristiana mediante seis puertas que se cerraban por la noche y durante la Semana Santa. La judería contaba con al menos cinco sinagogas, hospitales y centros de beneficencia, centros de enseñanza, baños públicos y rituales, hornos, carnicerías, tabernas y, fuera de la ciudad, un cementerio.

 el Real Seminario de San Carlos Borromeo, cuya iglesia fue construida sobre el solar de la antigua sinagoga mayor de Zaragoza

El Seminario de San Carlos Borromeo, cuya iglesia fue construida sobre el solar de la antigua Sinagoga Mayor

El edificio más importante de la judería era la Sinagoga Mayor, que a pesar de ser grande acabó no siendo suficiente para todos los fieles, con los que se habilitaron otras sinagogas y oratorios.

Los Baños Judíos formaban parte del patrimonio real, por lo que era el rey de Aragón el que se beneficiaba directamente del pago exigido para utilizarlos.

De todo el conjunto de los baños, sólo se ha conservado una sala de planta rectangular, organizada a modo de claustro, con varios tramos de galerías, abovedados con crucería sencilla y columnas de alabastro. Los baños se encuentran en los sótanos de los números 126-132 de la calle Coso y actualmente no se pueden visitar.

La judería también creció como resultado la llegada de judíos franceses después de sucesivas expulsiones de los judíos de ese reino. Se calcula que en el año 1369 la población era de unos 1.500 vecinos, un buen número considerando que durante la peste negra fallecieron las 4/5 partes de la población.

Durante siglos la comunidad cristiana zaragozana tuvo una gran tolerancia con sus vecinos judíos; ya dio muestra de ello en los pactos de sumisión el propio conquistador Alfonso I en el año 1119 y desde esa fecha abundan documentos acreditativos de la benevolencia del rey aragonés para con la aljama: por una parte de forma interesada, pues siempre fue una comunidad muy útil a las finanzas del monarca; y por otra había un sentido democrático de la realeza, que se consideraba obligada a dispensar protección a todos los súbditos, con independencia de su credo religioso.

El clima de comprensión se alteró radicalmente en el siglo XV. Comenzó una intensa predicación antijudaica que iba a tener eco en muchas gentes cristianas por motivaciones de naturaleza muy variada: en 1391 se desencadenaron algunas matanzas de judíos en España, sólo el rey de Aragón Juan I castigó a los homicidas, pues parte de estos atentados sólo buscaban saldar deudas con los prestamistas judíos.

La presión de la mayoría cristiana de Castilla y Aragón desembocó en el decreto de expulsión definitiva de 21 de marzo de 1492: se daba a las aljamas un plazo de cuatro meses para abandonar sus domicilios y la península, pudiendo realizar sus fortunas en mercaderías y cambiables. En 29 de abril de aquel año se publicó solemnemente este decreto aquí, en la iglesia de los Predicadores, y los oficiales del rey de inmediato colocaron sus divisas en las puertas de la judería.

El decreto afectaba a un millar de personas, pues para entonces la judería Zaragozana había disminuido mucho, pero las incautaciones de inmuebles y la expulsión iban de paso a arruinar a muchos cristianos que tenían depositadas sus fortunas en negociantes de la judería.

El grupo judío zaragozano se escindió: una parte, desde Tortosa, recaló en el norte de África, en especial en territorio argelino, allí aún siguen afincados los Nathan y los Benisti, oriundos de Zaragoza; los más, cruzaron todo el Mediterráneo y se establecieron en Salónica, ciudad de Macedonia bajo dominio turco entonces. Allí surgió una colonia zaragozana con su sinagoga propia.

Para leer más sobre la fascinante historia de la desaparecida judería de Zaragoza, podéis visitar la web de sefaradaragon.org